Historias de prostitutas la prostitución

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Se podía ver que tenía una enfermedad. Le dije que no lo iba atender, me di vuelta para irme, pero me agarró del brazo y me dijo: Entonces le puse el preservativo, con cuidado de no tocar las heridas. Cuando dicen que podés elegir, yo pienso: Cuando querés elegir, el tipo te agarra a la fuerza y no elegís nada". Delia todavía recuerda el dolor abdominal, de cintura, en las articulaciones después de cada tarde en la esquina. El sufrimiento no era sólo por su situación de prostitución, también por las otras.

Fui testigo de muertes, de tiroteos, de abortos. Las mujeres venían a pararse en la esquina con los abortos en curso. Es una de las peores violencias que pueden caer sobre una mujer. Y no sólo mujeres. Niñas, porque en la esquina hay chicas prostituidas por sus propios padres. Todo eso va impactando en tu mente, te volvés loca", asegura.

Después de cuatro años de estar ahí, tu cuerpo, tu psiquis, tus emociones, no son las mismas. Estaba totalmente absorbida, no había otra cosa. Me levantaba a la mañana con el cuerpo desecho. Me había vuelto adicta a los analgésicos para poder sostenerme en la esquina y ser una vasija", sostiene. Así como hubo una situación que me hizo entrar, hubo una situación que me permitió salir", explica Delia. Cinco años después de empezar a prostituirse, descubrieron que tenía un tumor maligno.

Así fue como tuve la infección por la que terminé internada. Pero un mes después de la operación, volví a trabajar". Delia no bajó los brazos. Terminó la carrera de Psicología Social en una escuela de Monte Grande, se recibió, e hizo un curso sobre violencia familiar y abuso infanto-juvenil en la Universidad de Lomas de Zamora. Cuando avanzó en la teoría de la psicología social, en el tema del género, empezó a verse de otra manera. Tuvo una crisis de angustia. Todas te van a decir lo mismo.

Pero yo dije basta. Habían pasado siete años. Aunque no volvió a la calle, Delia siente que la prostitución sigue presente en su cuerpo. Aparece especialmente por la noche, a pesar de los calmantes y antidepresivos que toma desde hace 12 años. Se despierta y se siente atrapada. Te llevan, te traen, te dan vuelta, te sacuden. Se disparan con los perfumes masculinos, con el olor a la transpiración del otro.

Hoy tiene 54 años. Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería. Siempre me pareció una buena persona. Se llamaba Gabriel, a secas, como me pidió que lo llamara. Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto.

Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Tenía poco tiempo de haberme mudado al barrio cuando se pasó a vivir a la par de mi casa una mujer que alborotó al vecindario entero. Una vez a la semana, las trabajadoras del prostíbulo tienen que pasar un reconocimiento médico de enfermedades venéreas.

Un doctor se desplaza hasta el local para efectuarlo. Ella quiere ser abogada. Me matriculé en una facultad del Sur y me especialicé en periodismo y comunicación. Pensé que me iba a convertir en la futura estrella de los medios. La tarde es también el momento para los preparativos del mayor momento de actividad laboral que surge con la caída del sol: Adoro esta parte de mi rutina. Me hace sentirme como si fuera una actriz. Les recuerdo que un pene no tiene gluten, y se ríen. La idea de hacer turnos de nueve a cinco todos los días me estremece.

En serio, prefiero los orgasmos reales o falsos. El pequeño tiene ocho años, la mayor once. Me cuentan cómo les fue el día en el colegio. Tras mi divorcio, ellos pasan dos semanas con su padre y otras dos conmigo. Habituales de estos servicios son los varones que no han tenido la oportunidad de haber vivido una primera experiencia sexual: Le digo que no pasa nada si no se siente listo. Pero insiste en que quiere que le quite su virginidad. En Titania Compañía Editorial, S. Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación.

Alma, Corazón, Vida Viajes.

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Constantemente me bromeaba con esas cosas. En un primer embarazo abortó a gemelos. Tres meses después el infierno comenzó. Que te has preguntado en silencio si prostitutas en japon prostitutas en puertollano que hacías era ética y moralmente justificable. historias de prostitutas la prostitución

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