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Ella dejó de ejercer la prostitución hace unos años y sobrevive con una pensión mensual de rupias 5 euros que recibe del Gobierno como parte de un programa de rehabilitación. Y ni siquiera las percibe todos los meses con regularidad. La India prohibió la consagración de devadasis en Se estima que existen A día de hoy se sigue consagrando —y condenando— a niñas.

No siempre fue una forma de explotación sexual: Los terratenientes y la nobleza las mantenían en lujosas viviendas. Con el paso del tiempo se convirtieron en cortesanas para ricos amparadas por el manto de la religión.

Los nobles indios perdieron poder y riqueza y dejaron de patrocinar a los templos. La tradición de las devadasi degeneró en explotación sexual. En la distancia se observan molinos eólicos. Aquí nació la leyenda que dio comienzo a la tradición de las devadasi. El templo en sí mismo no sería gran cosa si no fuese por su leyenda.

Un muro rodea el recinto y en su centro un pequeño edificio amarillo y naranja aloja una estatua negra de Yellamma. Cientos de peregrinos acuden al templo a diario. El lugar es un destino religioso y turístico. Familias con niños pasean por el complejo. Devadasis con aspecto de tener 80 años pero que probablemente no lleguen a los cincuenta piden limosnas en el lugar.

Un desconfiado sacerdote asegura que aquí no se realizan consagraciones. La pregunta ofende al religioso , que corta la conversación. Los esfuerzos del Gobierno indio y las organizaciones no gubernamentales han limitado las consagraciones, pero no puesto fin a ellas. Si antes se llevaban a cabo en los templos, ahora se hacen a escondidas. Se realizan en las casas de los sacerdotes , que lo hacen por dinero.

Las redes de prostitución también impiden el fin de las devadasi. Durante los festivales religiosos en los que se llevan a cabo consagraciones, proxenetas de Bombay, Pune, Bangalore y otras ciudades acuden a los pueblos de Karnataka para comprar devadasis con las que llenar sus burdeles. Hija, nieta y tataranieta de devadasis, Chandani escapó a su destino.

Su madre murió de sida cuando ella tenía seis años. Hasta los 80 no podían ir al colegio porque los estudiantes eran registrados con el nombre de su padre y los descendientes de devadasis son ilegítimos.

En el mejor de los casos, se casaban entre ellos porque nadie de otra comunidad se acercaba. Hija, nieta y tataranieta de devadasis , Chandani escapó a su destino. Su madre murió de sida cuando ella tenía seis años y fue criada por su abuela hasta que fue acogida por Vimochana, que cuenta con un centro donde viven, estudian y aprenden oficios 50 hijos de devadasis.

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